El cactus errante

Su nombre científico es Stenocereus eruca. Eruca, significa oruga en latín

México es un lugar con ejemplos únicos de flora y fauna. Algunas de sus especies habitan en superficies tan reducidas y con características tan peculiares que parece que la naturaleza “escondió” testimonios de la evolución.

En la Península de Baja California, por ejemplo, se encuentran al menos 100 de las 700 especies de cactáceas que existen en el país y una de ellas, la chirinola, ha evolucionado de tal forma que es única en su género y en el reino vegetal.

Habita en la región de Bahía Magdalena, municipio de Comondú, muy cerca del océano pacífico, en Baja California Sur, puede vivir hasta 100 años y es la única planta que se desplaza. Es el cactus errante.

Su nombre científico es Stenocereus eruca. Eruca, significa oruga en latín, insecto con el que se compara porque la planta es alargada, crece a ras de piso y las formas curvas que adopta evocan el movimiento de dichos invertebrados.

“Un individuo que vive alrededor de unos 100 años logra desplazarse del punto original hasta el punto en donde va a morir, a lo mejor, unos cinco o 10 metros, esto lo podríamos interpretar como una especie vegetal que tiene desplazamiento”, afirma José Luis León de la Luz, Investigador del Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste, en Baja California Sur y experto en esta cactácea.

Sus raíces son muy pequeñas, no necesitan penetrar el suelo para buscar nutrientes porque la planta está diseñada para alimentarse a sí misma con una porción de su propia materia.

“Una parte de la planta muere para que la otra sobreviva, se alimenta de la materia orgánica o de los nutrientes que ha dejado la parte muerta”, explica Alfredo Beltrán Morales, investigador del Departamento Académico de Agronomía de la Universidad Autónoma de Baja California Sur.

La zona en la que habita, agrega Beltrán Morales, tiene características muy específicas: suelo muy pobre, niveles de salinidad específicos y la cercanía con el pacífico. La planta se ha encontrado hasta a 15 kilómetros tierra adentro en una extensión de unos 150 kilómetros según ha documentado José Luis León.

Es pariente de la pitaya dulce (Stenocereus thurberi) y de la pitaya agria (Stenocereus gummosus) con la que tiene mayor semejanza pues los brazos de esta especie son alargados y tienden a crecer buscando el suelo.

Aunque su posición horizontal expone mayor superficie a los rayos del sol, una densa capa de espinas gruesas y alargadas que apuntan, en su mayoría, hacia la parte que va muriendo, la protegen.

Por testimonios de los habitantes de la región se sabe que la chirinola florece en noviembre y su flor abre sólo por las noches. De manera oficial no existe registro fotográfico.

 

“Aunque la descripción verbal de la flor se encuentra en libros de botánica, nadie que conozcamos, excepto los pescadores locales, ha visto la flor o se han publicado fotos de ella. La flor es principalmente nocturna, y probablemente florece tarde en la noche y cierra temprano en la mañana, como lo hacen otras flores de este género.

“Como las áreas donde crece este cactus son bastante inhóspitas en la noche (ya que también es el hábitat de numerosos insectos y serpientes), decidimos abandonar nuestro intento de ver una flor real; sin embargo, vimos muchos botones listos para abrir en la noche”, señala el texto ‘Una planta móvil en el desierto– el extraño cactus reptante’, elaborado por Luz E. de-Bashan, Esther Puente y Yoav Bashan, investigadores del Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste.

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